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Lucero nos cuenta sobre su experiencia en Guatemala

Cuando trabajas en EpC escuchas muchas historias extraordinarias que pasan en diversos contextos donde implementamos nuestros programas, pero no es sino hasta que visitas esos lugares que descubres la magia de lo que hacemos.

Así me pasó con Guatemala. Es un lugar que es ocupado por una variedad de culturas antiguas que continúan vigentes; los habitantes de este territorio comparten creencias religiosas, arte, arquitectura y tecnología que los ha hecho excepcionales en América por tres mil años. Un país lleno de color, donde se puede apreciar la naturaleza en todo su esplendor, gente muy hospitalaria, sus niños intrépidos con mucha energía, transporte muy colorido, clima tan cambiante y su comida variada lo hacen un lugar único.

Pero hay algo que robó mi atención por completo, y fue cuando visité un par de escuelas para ver los efectos de nuestros programas en las niñas y niños; entonces me di cuenta que EpC toca corazones, empodera a las niñas y niños les da la libertad para elegir cómo quieren vivir, les da herramientas aplicables en su vida diaria y, lo maravilloso, es que se comparte dentro y fuera de la escuela con sus papás y mamás.

“Yo le dije a mi amigo que no tire la basura porque se contamina el agua y se mueren los pececitos”, me comentó una niña de 2° sección A.

Nosotros les llevamos tesoros para compartir, los hicimos viajar hasta nuestro México querido mostrándoles un poco de nuestra cultura y biodiversidad, ¡estaban encantados! El director me hizo saber que después del programa hubo cambios inmediatos: se acabaron las separaciones entre niñas y niños, ahora jugaban juntos, me dijo también que las madres de familia estaban muy felices, veían a sus hijos muy motivados, ellos mismos les ayudaban a recoger la basura en sus casas.

En la segunda escuela que visité, me di cuenta que hay grandes ideas, solo hay que dejar volar a niñas y niños, pues basta con mostrarles de lo que son capaces de crear. Vi muchas iniciativas muy buenas, incluyeron el reciclado del agua, reutilizar plásticos y cartón, la mejora de sus aulas buscando patrocinios para remodelar su salón, fomentar hábitos de vida saludable, crear un botiquín etc. Siento que todo esto es un gran engranaje que necesita un empujón para que comience a avanzar.

El cambio empieza por uno mismo, para poder compartir y enseñar uno debe trabajar la semilla que siembres. Si la sabes cuidar, una gran cosecha obtendrás, frutos maravillosos de un árbol de valores inmenso que con el paso de tiempo haremos que nuestro entorno sea el mejor lugar para vivir.

El trabajo del equipo Guatemala es extraordinario, pues la forma en que transmiten todo da resultados exitosos.

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