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La reflexión como un elemento de adaptabilidad

El mito griego cuenta que Zeus asignó la tarea a los hermanos Prometeo y Epimeteo de equipar a todos los seres vivos de la tierra con los aditamentos necesarios para conseguir alimento y sobrevivir a los distintos entornos biológicos en los que se desarrollarían. Atendiendo esta petición, Epimeteo se dio a la tarea de dotar a los animales de grandes garras, grueso pelaje, dientes poderosos, huesos resistentes y gran fuerza, entre muchas otras posibilidades físicas; sin embargo, se había olvidado de un ser en particular, aquel que Prometeo había jurado cuidar, se trataba del ser humano.

Éste no gozó de las mismas ventajas fisiológicas que los demás, por lo que al nacer, a diferencia de otros seres, era un organismo indefenso dependiente del cuidado de los mayores, débil, inmaduro e inacabado en sus estructuras físicas, pero con un gran potencial cognitivo y una plasticidad cerebral que le permitiría a la especie humana adaptar su entorno, resolver problemas, imaginar y reflexionar sobre lo que vive, a la par de tomar decisiones.


Al final, todas estas posibilidades se convertirían en el regalo más preciado que cualquier ser vivo pudiera recibir.


El mito ejemplifica la adaptabilidad en el mundo moderno, el relato es equiparable al ser humano que desde sus posibilidades y limitaciones, debe afrontar condiciones y eventos que se le presentan. Tiene un sentido más allá de lo meramente físico, pues en la adaptación se involucran aspectos emocionales, cognitivos y sociales.

Consideremos que adaptabilidad es definida por el diccionario de la lengua española como “la capacidad de una persona para acomodarse, avenirse a diversas circunstancias, condiciones, etc”. Así como “posibilidad de un ser para acomodarse a las circunstancias de su entorno” (RAE, 2017).


Para desarrollar un sentido de adaptabilidad es imprescindible reforzar algunas habilidades cognitivas del ser humano, para que se convierta en un proceso que permita entender el origen y evolución de los fenómenos naturales, sociales o emocionales, buscando una mejor toma de decisiones, maneras proactivas de afrontar los problemas y realizar los ajustes necesarios para una mejor calidad de vida.


La reflexión es el proceso mental que más aporta posibilidades de adaptación a un individuo, ya que permite acercarnos al mundo real huyendo de la distracción y la especulación, cuestionándonos las situaciones y analizando los fundamentos del pensamiento.


Esto permite que el acto de reflexionar sea la puerta de entrada para averiguar qué sucedería ante distintos panoramas partiendo de una realidad muy clara, hasta llegar al punto de ordenar las ideas en una secuencia lógica y contextualizada a condición de entender el lugar, momento y realidad que vive cada individuo (Dewey, 2007).


Esta definición es posible llevarla al campo de la adaptabilidad a partir de considerar la reflexión como un proceso que posibilita ubicar a las personas en un tiempo y espacio determinado, entender la causalidad de las cosas y las consecuencias de las decisiones para de esta manera prepararse y adecuarse física y mentalmente a los nuevos contextos que se estén presentando.


Con la intención de ofrecer aprendizajes significativos, en Educación para Compartir desarrollamos el proceso de reflexión en tres etapas:


Etapa inicial: comienzo del proceso reflexivo donde se replantea el tema o reto a resolver para trasladarlo de un punto imaginario a un plano real. De este momento debe surgir la pregunta central que la reflexión ha de responder y conducir a la siguiente etapa.

Etapa de transición: se extiende a lo largo del proceso de concientización y consiste en establecer una amplia gama de cuestionamientos y planteamientos hipotéticos de carácter orientador y revelador de lo que se está suscitando, de tal manera que se acerque más al entendimiento ya  las maneras de afrontarlo, así como adaptarse a los cambios que implica.


Etapa final:  para este momento la persona ya debe tener certeza sobre las maneras factibles en las cuales puede abordar el problema o reto a resolver debido a que ha contextualizado y concientizado sobre las potencialidades personales, grupales y comunales. Además de tomar en cuenta los recursos con los que dispone para hacerlo y de esta manera, adaptarse a los cambios presentados a partir de las decisiones que le resulten más convenientes.


En Educación para Compartir apoyamos partiendo de la reflexión para que la adaptabilidad sea un elemento a consolidar en el desarrollo de niñas y niños. Así  tendrán la posibilidad de afrontar y adaptarse de mejor manera a los retos que demanda un mundo moderno cambiante y lleno de desafíos naturales, sociales e interpersonales.




Fuentes:

- Dewey J, 2007, Cómo pensamos, Paidós, Barcelona.

-https://www.isbillund.com/en-gb/pedagogy-of-play/invisible-pages-playbook/chapter-1-principles

- http://dle.rae.es/?id=0hMBUwM

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