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Educar en valores a través del juego

“¿Puedes oírme? ¡Dónde quiera que estés, alza los ojos! ¡Mira! ¡Las nubes están desapareciendo! ¡El sol está abriéndose paso a través de ellas! ¡Estamos saliendo de la obscuridad y penetrando en la luz! ¡Estamos entrando en un mundo nuevo, un mundo más amable, donde los hombres se elevarán sobre su avaricia, su odio y su brutalidad! ¡Han dado alas al alma del hombre y, por fin, empieza a volar! ¡Vuela hacia el arco iris, hacia la luz de la esperanza! ¡Alza los ojos!”.

(CHARLES CHAPLIN: Discurso final de El gran dictador)

 

Actualmente existe un consenso entre todos los implicados en la educación sobre la necesidad de educar en valores. La globalización, los sistemas políticos, las innovaciones tecnológicas o la pérdida de confianza en puntales sociales han fijado la mirada en la educación en valores como una necesidad apremiante.

¿Será posible concebir una educación que permita solucionar los conflictos de manera pacífica, fomentando el conocimiento de uno mismo, los demás y de sus culturas? ¿Será posible una educación en la cual logremos aprender a trabajar en equipo y a desarrollar la conciencia de que con una convivencia armónica podremos luchar por propósitos comunes y llegar a alcanzarlos?

Los valores son el resultado de una relación entre la realidad objetiva de los componentes sociales, individuales e instituidos los cuales se expresan a través de la actividad humana (actitudes, conductas y comportamientos) y en guías y principios que le dan sentido a la vida misma. De esta manera, todas y todos estamos en un constante proceso de desarrollo y construcción personal de nuestros valores.

Es posible a través de la educación formal crear condiciones pedagógicas y sociales para que dicha construcción se lleve a cabo de una forma óptima, esto es, construir un proyecto educativo fundamentado en una educación en valores. Para lograr lo anterior, es fundamental partir de la recuperación del valor que la educación tiene: “reconocer la importancia decisiva de la educación escolar y de los docentes en la insustituible tarea de formar personas libres, autónomas y miembros activos de nuestra sociedad” (Savater, 1997 p.10).

Se puede educar en valores a través de actividades que desarrollen en niñas y niños conocimientos, habilidades y actitudes de cuestionamiento, indagación y reflexión en la actividad práctica con un significado asumido resultado de aprendizajes conscientes y significativos en lo racional y lo emocional contemplados desde un proyecto educativo de la institución escolar. ¡Y qué mejor pensar en que sea a través de actividades lúdicas!

En EpC reconocemos y retomamos lo anterior y por ello, son los docentes los primeros agentes de cambio con los cuales entramos en contacto y con quienes trabajamos en equipo a lo largo de los programas (Deportes, Arte, Ciencia e Iniciativas). Ellas y ellos viven el poder que tiene el juego cooperativo en cada una de las sesiones que implementan posteriormente con sus estudiantes. A través del juego las niñas y los niños se recuperan como miembros activos dentro de la cultura, en la que desarrollan sus potencialidades y a través de la cual adquieren y reelaboran toda una serie de significados públicos y compartidos (Linaza, 2013). Poner en práctica, mediante actividades divertidas y juegos, sus habilidades físicas, cognitivas, emocionales y sociales, interviene en la elaboración del autoconcepto y dentro de éste la práctica de valores en su vida diaria.

 

Referencias bibliográficas:

  • Linaza, J.L. (2013). “El juego es un derecho y una necesidad de la infancia”. Bordon Revista de Pedagogía 65 (1), 103-117.
  • Savater, F. (1997). El valor de educar. Barcelona: Ariel.

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